PRESIÓN AMBIENTAL
Jueves 27 de Enero de 2011 17:33
1 Oíd esto, pueblos todos;
Escuchad, habitantes todos del mundo,
2 Así los plebeyos como los nobles,
El rico y el pobre juntamente.
3 Mi boca hablará sabiduría,
Y el pensamiento de mi corazón inteligencia.
4 Inclinaré al proverbio mi oído;
Declararé con el arpa mi enigma.
5 ¿Por qué he de temer en los días de adversidad,
Cuando la iniquidad de mis opresores me rodeare?
6 Los que confían en sus bienes,
Y de la muchedumbre de sus riquezas se jactan,
7 Ninguno de ellos podrá en manera alguna redimir al hermano,
Ni dar a Dios su rescate
8 (Porque la redención de su vida es de gran precio,
Y no se logrará jamás),
9 Para que viva en adelante para siempre,
Y nunca vea corrupción.
10 Pues verá que aun los sabios mueren;
Que perecen del mismo modo que el insensato y el necio,
Y dejan a otros sus riquezas.
11 Su íntimo pensamiento es que sus casas serán eternas,
Y sus habitaciones para generación y generación;
Dan sus nombres a sus tierras.
12 Mas el hombre no permanecerá en honra;
Es semejante a las bestias que perecen.
13 Este su camino es locura;
Con todo, sus descendientes se complacen en el dicho de ellos. Selah
14 Como a rebaños que son conducidos al Seol,
La muerte los pastoreará,
Y los rectos se enseñorearán de ellos por la mañana;
Se consumirá su buen parecer, y el Seol será su morada.
15 Pero Dios redimirá mi vida del poder del Seol,
Porque él me tomará consigo. Selah
16 No temas cuando se enriquece alguno,
Cuando aumenta la gloria de su casa;
17 Porque cuando muera no llevará nada,
Ni descenderá tras él su gloria.
18 Aunque mientras viva, llame dichosa a su alma,
Y sea loado cuando prospere,
19 Entrará en la generación de sus padres,
Y nunca más verá la luz.
20 El hombre que está en honra y no entiende,
Semejante es a las bestias que perecen.
(Salmo 49)
El contenido de este salmo nos recuerda una vez más la permanente validez de la Revelación de Dios. Como si el autor fuera un contemporáneo nuestro, el cántico nos invita a poner atención sobre uno de los aspectos que, posiblemente, más haga tambalear la fe de cualquier hijo de Dios.
En esta sociedad que nos toca vivir, desarraigada de toda mira que signifique trascender más allá de lo que ve o toca, y en la que sólo merece aprecio y atención lo que incita o satisface los sentidos, parece que la piedad no sea otra cosa más que una reliquia del pasado. Esta "presión ambiental", sin duda, es la que nos lleva en muchas ocasiones a sentirnos identificados con las palabras del salmista Asaf.73: 3 dice Porque sentía envidia de los insensatos, viendo la prosperidad de los descreídos.
Dirigir nuestra vida con una visión clara sobre esta asunto, exige ejercitar la auténtica "sabiduría e inteligencia" Como dice el versículo 3 Mi boca hablará con sabiduría, y mi corazón tiene meditaciones sensatas 49:3 Especialmente indican que hoy en día la filosofía del enriquecimiento rápido ha tomado absoluta carta de naturaleza en nuestro entorno.
En su reflexión, el salmista nos recuerda que sólo Dios puede dar vida eterna, ante la corrupción en la que está sometida todo lo material. Para poder vivir perpetuamente, sin tener que encarar con la fundición (9), y que poner la razón de la existencia en lo que uno puede atesorar o adquirir humanamente, es similar en la muerte de un animal. Que el hombre en el esplendor no perdura, viene a ser como el ganado que sucumbe (12)
El autor no duda en su particular visión de la muerte, y el poder que ésta tiene sobre cada ser humano: Dios intervino personalmente y directamente, para rescatarlo de ese poder en el momento final de su vida física, intervención que conlleva la eterna comunión con Aquel que como dice el versículo 15 En cambio, Dios, rescatará mi alma de la garra del Abismo, porque se me llevarà con El.
 
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